Progreso y evolución

Cada persona en los distintos momentos o fases de la vida tiene distintos objetivos, y reflexionando sobre ellos, normalmente la persona tiende a una evolución y a progresar al buscar estos objetivos. Lo importante es tener en cuenta, que no solo es un progreso material, si no tiene que ser integral.

Por lo que el verdadero progreso, deberá consistir, además de que todo ser pensante tenga asegurado el cumplimiento de toda clase de necesidades vitales (densas), también pueda también atender, al desarrollo de sus posibilidades y capacidades, es decir a una evolución verdaderamente integral y democrática (total y completa).

La forma de vida que reina actualmente en la sociedad, supone y obliga al ser humano, a que por medio del dinero (su condición social), cumpla y lleve a cabo todo aquello que sus impulsos, deseos y apetencias le presenten, y todo lo que su siquismo le requiera, generando un consumo diversificado, atroz e impertinente; esta forma de vida supone un trabajo que casi siempre tiene que resultar alienado, competitivo e indiscriminado.

Por ello, en general, las actividades de los adultos (salvo excepciones) suponen una mera repetición y continuación de la vida no del todo agradable y amena (en realidad hedonista) que vivía en sus tiempos de infancia, adolescencia y juventud.

Poca diferencia se puede encontrar en la forma de vida particularizada y en los diferentes estratos de la sociedad (sobre todo en lo que se refiere al progreso y evolución); sin embargo, se encuentra mucha diferencia entre las personas, por la abundancia de bienes y riqueza que presentan, y los medios de vida que llevan algunos intelectuales, muchos industriales y comerciantes, demasiados gobernantes y no digamos las clases de siempre adineradas.

Necesariamente, el desarrollo humano, además de lo ya dicho para su integridad y cumplimiento, debe ser en verdad de naturaleza y corte verdaderamente democráticos. Por ello es de suma importancia que el gobierno que rige la nación sea verdaderamente integral y democrático, al igual que las leyes que nos rigen.

 

 

Fuente:

Germán Martin, La Era de Acuario.

 

 

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