¿POR QUÉ ESTÁN TRIUNFANDO LOS PENSIONISTAS?

Las protestas de los pensionistas son sin duda las que de una forma más rápida y clara han conseguido una parte de sus objetivos. Con todos los peros y trampas que sea, hay que reconocer que:

  • Han movilizado a los grandes sindicatos.
  • Sus reivindicaciones tienen audiencia y respaldo de prácticamente todos los partidos políticos.
  • Y lo más significativo, han provocado un cambio en los Presupuestos Generales del Estado.

Todo ello en pocos meses y con una serie de manifestaciones y concentraciones importantes pero que no han llegado a igualar, de momento, otras movilizaciones masivas de los últimos años (p.e. las Marchas de la Dignidad, 2014). Es procedente compararlo con este evento porque, a diferencia de la Marcha de la Dignidad, los pensionistas no han sido apaleados ni se les ha cortado el paso hasta las mismísimas puertas del Congreso.

¿Por qué estos contrastes? ¿Acaso el gobierno del PP se ha vuelto un poco más democrático de repente y ya tiene en cuenta las expresiones políticas de la ciudadanía en la calle? ¿Van a tener todas las manifestaciones una respuesta tan rápida de los agentes políticos, sindicales y sobre todo del gobierno? Evidentemente no.

Estas acciones tan relativamente efectivas parecen dar la razón a las organizaciones de izquierdas que proclaman que “la lucha está en la calle, y no en el parlamento”. ¿Es así, se ha roto por fin el parlamentarismo y la voz del pueblo en la calle hace ley? Tampoco. Los que propugnan hacer política sólo en las plazas, quienes consideran estéril el acceso a las instituciones legislativas y de gestión no pueden tomar el ejemplo de los pensionistas para avalar sus tesis.

Los pensionistas han logrado respuestas rápidas del gobierno (tramposas e incompletas, pero rápidas) porque son una fuerza electoral que les puede hacer perder las elecciones. Es decir, no por la propia movilización en sí, sino por el efecto que dicha movilización puede tener en las instituciones a través del voto. Particularmente del voto ligado o relacionado con el PP.

Cuando un gobierno fascista como el de M. Rajoy analiza las protestas, si no afectan al poder de forma directa no les dan importancia. Son como un juego en un campo diferente al suyo, escuchan los gritos pero no les marcan goles. Es el recurso al pataleo. Lo vemos todos los días. Sólo cuando esas acciones se convierten en fuerza política que les pueda desequilibrar, sacar de sus despachos, escaños, palacios, es cuando reaccionan.

Por lo tanto, la calle y las instituciones son las dos caras de la moneda. Manifestaciones que no comporten acción política, movimiento o agrupación de votos, son tan estériles como diputados/as que nunca salen a la calle.

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