¡Necesitamos un cambio ya!

Desde los medios de comunicación nos bombardean con noticias que no nos chocan, ya estamos acostumbrados a todo, que la justicia no funcione como creemos que debería, que sea diferente el trato que se les da a unas pocas familias, que nuestro dinero sirva para llenar los bolsillos de unos pocos, que nuestros derechos sean pisoteados…

Hay que estar alerta y consciente, porque los clichés, las costumbres o las ideas preconcebidas, al no cuestionarnos dónde se fundamentan, normalizan situaciones que deberían chocarnos. Debemos cuestionarnos todo y buscar ese cambio tan necesario en la sociedad.

El problema es que para conseguir ese cambio es necesario, tal y como están las cosas, cambiar las leyes, la educación de las personas, etc. Para ello es necesario llegar a las instituciones y empezar a cambiar las cosas.

Es evidente que la sociedad humana se encuentra hoy en día en una situación anodina y ambivalente, tanto en el plano material como en el síquico, intelectual, moral y transcendental, siéndole casi imposible vislumbrar una salida y una comprensión lógica de la vida, y de lo que significa el hecho mismo de estar vivo; en estas condiciones la persona humana no podrá nunca saber qué significado tiene su existencia y su función.

En cambio, una mejora en la sociedad, añadir nuevos valores, nuevas bases, hará que una persona consciente, puede comprobar por sí misma la verdad y conocer la realidad.

Si esta forma de vida que informa la Civilización y Cultura Occidental la enfocamos específicamente al mundo denso, (material), la perspectiva es muy preocupante, casi  aterradora; la persona humana no tiene más remedio que quedarse verdaderamente epatada y consternada, al ver y constatar que en su vida real tiene que prevalecer inequívocamente todo lo apropiado para conseguir en forma distorsionada, lo que los animales consiguen de forma natural; por todo ello, la persona humana queda reducida definitivamente a la categoría meramente animal.

Por tanto, debe tenerse en cuenta, que el mero cumplimiento de los instintos primarios sin control y encauce real, no puede ser nunca el camino adecuado para marcar (definir) el paso por la existencia de los seres humanos, ya que la entidad humana, puede ser consciente de sí misma y de sus actos, y por tanto podrá encauzar y dirigir apropiadamente sus instintos.

Además, reiteramos, que la Acción de los instintos humanos funcionando sin el verdadero encauce y control, y sobre todo cuando va enfocada o se refiere a las costumbres y las leyes, RETROTRAE verdaderamente la vida y la existencia humana a una reproducción de la vida animal; ello implica para la humanidad, la pérdida real de la posibilidad de evolucionar y progresar adecuadamente, puesto que la capacidad de ser consciente, que es la condición indispensable e imprescindible para toda evolución y progreso, queda ipso facto deformada y restringida en el cumplimiento de su misión.

Es dramático contemplar cómo la Cultura Occidental relega y posiciona el progreso y evolución personal por debajo del progreso material y, así mismo, por debajo de la consecución y posesión de bienes, riqueza, dominio y poder.

Es de suponer también, que este condicionamiento de la psiquis humana, va a perturbar gravemente la acción del alma-ego mental-cerebral de todo ser pensante, cuando se le impone por ley y norma su ejercicio basado casi exclusivamente en razones utilitarias; de esta manera, el alma–ego mental-cerebral de toda persona humana, al quedar desprovista de sus elementales medios de acción propia, (conscienciación real), necesariamente no sólo yerra y aberra,  sino que a la vez queda perturbada y restringida.

Fuente: La Era de Acuario; Germán Martín

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