Los pueblos del llamado 1º mundo

El pueblo unido, jamás será vencido es uno de los lemas que escuchamos en las manifestaciones. Realmente si lo pensamos, la mejora que ha habido desde el feudalismo ha sido una lucha del pueblo con posibilidades de pensar y de llegar a ver una opción de mejora en su situación.

La historia de los pueblos de occidente nos marca una progresión a mejor desde el s. XVIII, aun así observamos como las clases dirigentes en vez de impulsar esta evolución la siguen a rastras.

Casi todos los gobiernos y las clases dirigentes (poderes fácticos), siguen creyendo y haciéndose cargo de que con la ideología del capitalismo y del cristianismo eclesiástico, son ellos mismos (como siempre y desde siempre) los llamados a marcar el ritmo y la vida de la sociedad, presumiendo y preconizando deliberadamente, que todo mundo (el pueblo) tiene que aceptar una posición de vasallaje y sumisión ante ellos, puesto que siguen siendo ellos mismos los autores y los responsables de las premisas culturales y religiosas que preconizan y suponen todo el progreso y toda evolución que le es permitida a los pueblos.

El comportamiento de muchos gobiernos de hoy en día, siguiendo las líneas de ese nuevo empuje e influjo de la libertad económica y la ingeniería financiera y especulativa, está acelerando un proceso que intenta llevar a la sociedad a estados antiguos y medievales donde el feudalismo, apoyado por la religión, oprimía ignominiosamente a los pueblos, lo que suponía para la sociedad (para las personas), pobreza y degeneración.

Todos los pueblos del llamado 1º mundo (especialmente las naciones occidentales), ya desde el siglo XVIII han venido progresando en todos los sentidos y especialmente en lo político-social, apoyados y justificados principalmente en el empujón y efluvios de los movimientos político-sociales de la época, y el aumento de los conocimientos y de la cultura (ciencia, tecnología y comunicación sobre todo).

Por estas razones, y por el progreso de los tiempos, la sociedad, sin duda, (pero no continuamente sino a saltos y en forma muy discontinua) va consiguiendo, cada día más, un nivel de vida algo  más justo, de tal manera, que poco a poco la baja burguesía y el proletariado han podido ir alcanzando niveles de vida en parte parecidos a los que siempre habían llevado y llevan los poderosos y los gobiernos (todo ello iba suponiendo una llegada del ser humano a un nivel de vida algo más adecuado a lo que en realidad merece y necesita).

Siguiendo esta línea de progreso y adelanto, en el último cuarto del siglo XX, llegó el pueblo, en general (salvo excepciones) a un nivel de vida y existencia que le permitía tener algo de libre acceso a la cultura, a la libertad, a la comunicación, y con ello también al progreso y evolución personal.

Este estado de vida que la gente había conseguido, permitía y permite a la persona, poder verse libre de muchas de las fuertes tensiones densas y materiales de la vida, (pobreza e ignorancia), con lo cual se hacía posible empezar a pensar y a considerar que podía haber perspectivas de libertad y comportamiento que dieran paso a una nueva visión de la vida, del trabajo, del progreso y de la evolución.

Al llegar aquí, tomamos en consideración que los Poderes Fácticos y los gobiernos (testaferros suyos en general, salvo excepciones), empezaron a pensar que el estado de cosas y de vida que ellos y las altas esferas consideraban como única, propia y adecuada, podía empezar a entrar en oscilación, y por tanto en cierto peligro de perder calidad y/o continuidad.

No puede haber duda, y todo mundo debe tener en cuenta, que por razones de esta guisa, el Club de Roma, la Trilateral, los Bilderberg, el sionismo y otros estamentos afines (los poderes fácticos) empezaron a planear un cambio de rumbo en la interpretación de los valores de vida para los niveles económicos, industriales, laborales y políticos.

En este punto, también es de notar que las cumbres de la cultura occidental normativa, (autoridades académicas), no se percataban, y parece que hoy en día tampoco quieren percatarse, de lo que representa lo que los poderes fácticos intentan llevar a cabo.

Es decir, no se dan cuenta o no quieren dársela, de los peligros y de la animadversión que representa la postura de dichos poderes fácticos para la sociedad, e incluso para la misma cultura que ellos cultivan.

Por otra parte, y sobre todo en occidente, la influencia y el enfoque religioso y cristiano eclesial (sobre todo el católico), mira, con ojos benignos (quizá agradecidos) la postura y acción de los poderes y los gobiernos.

Fuente:

Martín, Germán; La Era de Acuario.

Ayudanos a difundirlo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *